La poesía
es como
la lluvia...
Cada gota
es una línea,
cada tormenta
es un poema,
cada cielo oscurecido
es un brote de inspiración...
Y nosotros,
los poetas,
somos los
pobres diablos
que perdieron el paraguas,
o que lo
olvidaron en casa...
Definitivamente,
la poseía
es como
la lluvia...
Imagen y Semejanza
El constante goteo
De la llave
Puso en peligro
La imagen y semejanza
Que dios te otorgó...
Pensaste que podías levantarte,
Cerrar la llave,
Y demostrar cómo era
Que Dios te había vuelto un hombre...
Levantaste las sábanas,
Pensaste en tu origen divino,
Y escogiste el insomnio...
De la llave
Puso en peligro
La imagen y semejanza
Que dios te otorgó...
Pensaste que podías levantarte,
Cerrar la llave,
Y demostrar cómo era
Que Dios te había vuelto un hombre...
Levantaste las sábanas,
Pensaste en tu origen divino,
Y escogiste el insomnio...
El Color de la Noche
Ahora-
la cereza ya sólo era
una pequeña brisa contra
tu frente-
El último golpe
de sabor
terminó cuando tragaste mientras
recorrías la cortina-
de suave lino
o terciopelo
u olvido
o falta de
tacto
de una mujer
es decir
una cortina
sucia-
y mirabas la noche-
la noche del poeta
con la blanca luna del poeta
o tal vez con el poema
de la luna
en una negra
noche
como la que atravesabas
o-
tal vez-
una noche poética que nadie
se atrevería a escribir
(la poesía
es tan curiosa
a veces)
Y
de pronto
apareció en el edificio-
que tapa la poca luz que podría entrar por tu cocina-
una mujer blanca
de ojos rasgados
finos
delicados
exóticos
verde limón
claros-
como el agua
como la poesía
La miraste
te devolvió el favor
la elogiaste con los ojos
y te guiñó uno de los suyos
la saludaste
y ella también lo hizo-
claro
coquetamente-
te levantaste de tu silla
y ella te pidió que volvieras a tu lugar
De pronto
la mirabas
en la cama
sus ojos
ahora eran su vagina
su guiño
ahora era un beso
su saludos
ahora eran una caricia
y ya no había silla
ni comedor
ni distancia
tu rostro
se escurría
entre sus plateados senos
mientras sus poros se abrían-
no sólo por el sudor
por el calor
y por el deseo-
sino por la bienvenida
sus pezones erectos
se extendían más allá del límite
de tu fantasía
ahora ella era un valle amplio
ahora ella era una playa calma
ahora ella era el Hades
ahora la penetrabas
y mirabas sus ojos llorosos
ahora su pequeño ombligo se perdía
entre elipses carnales
de pasión
ahora su cuello te provocaba ternura
ahora muerte
ahora hambre de mujer
ahora repudio
sus pezones-
nuevamente-
en tu rostro
en tus labios
en tus ojos
su vagina-
casi tan rasgada como
los verdes arroyos zen
depositados a ambos lados
de la tan delgada nariz-
se erguía
frente a tus muslos
la penetrabas
una
dos
tres
cuatro
cinco
seis
siete
veces
tal vez más
o menos
después giró sobre sí misma
para mostrarte el porqué
las orientales no
son sólo niñas buenas
sino también colegiales hambrientas
sucias-
como tus cortinas
te mostró dos trozos de carne
casi perfectos
color
rosado
claros
como el agua
como la poesía
pero
jamás como
la noche.
la cereza ya sólo era
una pequeña brisa contra
tu frente-
El último golpe
de sabor
terminó cuando tragaste mientras
recorrías la cortina-
de suave lino
o terciopelo
u olvido
o falta de
tacto
de una mujer
es decir
una cortina
sucia-
y mirabas la noche-
la noche del poeta
con la blanca luna del poeta
o tal vez con el poema
de la luna
en una negra
noche
como la que atravesabas
o-
tal vez-
una noche poética que nadie
se atrevería a escribir
(la poesía
es tan curiosa
a veces)
Y
de pronto
apareció en el edificio-
que tapa la poca luz que podría entrar por tu cocina-
una mujer blanca
de ojos rasgados
finos
delicados
exóticos
verde limón
claros-
como el agua
como la poesía
La miraste
te devolvió el favor
la elogiaste con los ojos
y te guiñó uno de los suyos
la saludaste
y ella también lo hizo-
claro
coquetamente-
te levantaste de tu silla
y ella te pidió que volvieras a tu lugar
De pronto
la mirabas
en la cama
sus ojos
ahora eran su vagina
su guiño
ahora era un beso
su saludos
ahora eran una caricia
y ya no había silla
ni comedor
ni distancia
tu rostro
se escurría
entre sus plateados senos
mientras sus poros se abrían-
no sólo por el sudor
por el calor
y por el deseo-
sino por la bienvenida
sus pezones erectos
se extendían más allá del límite
de tu fantasía
ahora ella era un valle amplio
ahora ella era una playa calma
ahora ella era el Hades
ahora la penetrabas
y mirabas sus ojos llorosos
ahora su pequeño ombligo se perdía
entre elipses carnales
de pasión
ahora su cuello te provocaba ternura
ahora muerte
ahora hambre de mujer
ahora repudio
sus pezones-
nuevamente-
en tu rostro
en tus labios
en tus ojos
su vagina-
casi tan rasgada como
los verdes arroyos zen
depositados a ambos lados
de la tan delgada nariz-
se erguía
frente a tus muslos
la penetrabas
una
dos
tres
cuatro
cinco
seis
siete
veces
tal vez más
o menos
después giró sobre sí misma
para mostrarte el porqué
las orientales no
son sólo niñas buenas
sino también colegiales hambrientas
sucias-
como tus cortinas
te mostró dos trozos de carne
casi perfectos
color
rosado
claros
como el agua
como la poesía
pero
jamás como
la noche.
Falta de Aprehensión II
Anoche, tu madre decidió acompañarte a dormir. Aún no soportas la grisácea soledad y el desvergonzado abandono. Aún prendes una pequeña lámpara y te regodeas con la calidez y la confianza que perdiste hace cuatro años, en el momento en que naciste... Ella ya es vieja y gorda y su brazo -que mide tu cuerpo, que abarca toda alternativa de latido- corta la relación que tu mirada mantenía con el techo de tu habitación. Pesa. Aún así, eres pequeño e indefenso y la necesitas. Te falta aire y cierras los ojos. No poder respirar adecuadamente obliga al sueño y te lanza hacia el descanso.
Tu madre olvidó levantarse para dejarte respirar. Ahora, en la mañana, la pequeña lámpara ya no alumbra como anoche; ahora, la pesadez de tu madre se ha vuelto insignificante; ahora, ya no necesitas a nadie ni a nada...
Anoche, tu madre te regaló la compañía de la muerte...
Tu madre olvidó levantarse para dejarte respirar. Ahora, en la mañana, la pequeña lámpara ya no alumbra como anoche; ahora, la pesadez de tu madre se ha vuelto insignificante; ahora, ya no necesitas a nadie ni a nada...
Anoche, tu madre te regaló la compañía de la muerte...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)